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Mostrando entradas de febrero, 2022

MILAGROS

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"Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti. Pide que el camino sea largo. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues -¡con qué placer y alegría!- a puertos nunca vistos antes. Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios. Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, ...
     Tomó la palabra en el silencio de la noche. Su voz resonó en la estancia con la fuerza de todos sus ancestros y con el empuje de su propio pasado. Cuántas veces había sentido la mordaza sobre su boca. Su memoria se perdió a través del silencio ahogado que solo las víctimas conocen.  Ante sus ojos apareció su abuela y tantas mujeres que, como ella, vivieron sometidas a los caprichos de un sultán. Muy despacio y con la fuerza que impone la memoria, pronunció su nombre, como si aquellas palabras llevasen años escondidas esperando a ser pronunciadas: soy Sherezade y ante mí se extienden, más allá de lo que mi mirada puede abarcar, mil y una noches de amor.      Sherezade se sintió poderosa. Con el poder que otorga el amor. Con la sabiduría de todos sus ancestros. Guiada por el susurro colectivo de tantas mujeres que antes que ella encontraron en otro cuerpo un camino de salvación. Volvió la vista y recordó las vidas que había recorrido hasta lleg...

NO RETORNO

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      Tengo la certeza de que conocerte ha supuesto un salto al vació sin red ni arnés de seguridad. Lo hice cuando te mostré mi cicatriz y mi árbol sin haber visto aún tu rostro; lo supe cuando acepté subirme al coche de un desconocido; cuando decidí ir a tu casa al día siguiente; y cuando confié en no fingir lo que sentía ni impostar lo que no era. Por eso, llegados a este punto, sé que no hay posibilidad de retorno, aunque asomarme anoche a tu abismo, confieso que me produjo un miedo atroz. No podemos nadar y guardar la ropa. No hay migas de pan que nos aseguren el camino de regreso. Porque vivir es esto: confiar, tener una fe ciega en que la vida sabrá colocarte allí donde tú necesitas. Por eso, solo puedo decirte, con una infinita humildad, que pongo mi vida en tus manos, porque amarte es esto: tener la certeza de que, al otro lado, siempre, siempre, estarás tú para sostenerme.

TESOROS

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      A mi mente vuelven, una y otra vez, como fogonazos de luz, recuerdos y sensaciones de los días que hemos compartido: el calor de tus manos, el tacto de tu piel, el sabor de tu boca... La noche se ha convertido en un duermevela constante donde se mezclan los recuerdos y los deseos. Conforme pasan los días y me alejan de aquellos momentos tan mágicos, dudo si fueron verdad aquellas horas. Arrastro tu memoria y la mantengo a salvo de todos, como el que guarda el mapa de un tesoro que solo él conoce.